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¿Ya has revisado los limpiaparabrisas de tu vehículo?

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¿Ya has revisado los limpiaparabrisas de tu vehículo?

29/10/2014

¿Ya has revisado los limpiaparabrisas de tu vehículo? Dice el refrán que sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Y podríamos añadir que sólo nos acordamos de cambiar las escobillas de los limpiaparabrisas del coche cuando llueve y las gomas que pasan sobre el cristal no son capaces de devolvernos la visibilidad que necesitamos para conducir de forma segura y sin cansarnos por el sobresfuerzo que supone mirar allá donde no se ven las cosas con nitidez.

Efectivamente, el desgaste y el deterioro que afecta a las escobillas de los limpiaparabrisas se hace notar cuando llueve, pero no únicamente en estas circunstancias. Con un día despejado, a poco que nos caiga cualquier elemento que nos ensucie el parabrisas y necesitemos limpiarlo, en cuanto accionemos el lavaparabrisas se pondrá en funcionamiento el limpiaparabrisas, y si sus escobillas no están en buen estado podemos perder buena parte de la visibilidad que es tan necesaria para conducir de forma segura.

Hay muchos casos en los que un limpiaparabrisas en mal estado puede llevarnos a una situación de riesgo. El peligro de conducir con el parabrisas sucio y con los rastros que deja un limpiaparabrisas en mal estado se agrava cuando circulamos con el sol frente a nosotros o de noche, en carreteras de doble sentido. Por tanto, no es necesario que llueva para que echemos en falta unas escobillas en buen estado.

Se suele decir que es recomendable cambiar las escobillas de los limpiaparabrisas una vez al año, antes de la temporada de lluvias. Sin embargo, conviene tener en cuenta que unos limpiaparabrisas en mal estado pueden darnos problemas de visibilidad aun cuando no cae ni una gota del cielo.

Hay que tener en cuenta que la goma que compone la escobilla del limpiaparabrisas puede degradarse con mayor o menor facilidad en función de varios factores. Influyen en su desgaste la calidad de la escobilla, el uso que hagamos del limpiaparabrisas (en mojado o en seco, a un ritmo adecuado o excesivo, etcétera), el asentamiento que tenga sobre el parabrisas, la temperatura y sus cambios bruscos, la humedad ambiental, la exposición al sol… 

Por eso, vale la pena que al menos una vez al mes evaluemos visualmente el estado de las escobillas y observemos si la degradación de la goma se plasma en un funcionamiento incorrecto del limpiaparabrisas; por ejemplo, si se producen sacudidas cuando la escobilla pasa sobre el parabrisas, si deja estrías al pasar sobre el cristal o si hace un ruido excesivo. También resulta recomendable limpiar las escobillas con un trapo mojado, a fin de evitar que el polvo acelere la degradación de la goma. Nuestra visibilidad y por tanto nuestra seguridad puede depender de estas sencillas operaciones.

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